9 de febrero de 2026
Cómo armar un flujo de caja semanal en una planilla
La caja semanal no es el resumen del banco. El banco te dice lo que ya pasó. La planilla semanal te dice si el viernes vas a poder pagar al proveedor que vence el jueves. Para un comercio o un taller chico, esa diferencia es el día a día.
Las columnas que alcanzan
Abrí una hoja con una fila por semana y estas columnas: saldo inicial, cobros estimados, cobros reales, pagos estimados, pagos reales, saldo final estimado y saldo final real. El estimado se carga el lunes. El real se carga el viernes, o el lunes siguiente con el extracto. No hace falta un software. Hace falta el hábito.
Qué entra en cobros y en pagos
En cobros: mostrador, transferencias, plataformas, cheques al día. En pagos: proveedores, alquiler de esa semana (o la cuota proporcional), sueldos, servicios, impuestos que ya conocés la fecha, y el retiro del dueño. El retiro va explícito. Si lo dejás como “lo que sobra”, la planilla miente. Si un pago es quincenal o mensual, ponelo en la semana en la que sale de la cuenta, no en un promedio lindo.
- Marcá en rojo los vencimientos de los próximos 14 días. Son los que te despiertan a las cinco.
- Separá lo comprometido (ya lo prometiste) de lo discrecional (se puede correr una semana).
- Si hay temporada baja, copiá ocho semanas flojas y mirá el saldo. Ahí ves cuánto hay que guardar en la alta.
El error más común es cargar solo lo que se recuerda. Por eso el resumen bancario de las últimas cuatro semanas es el punto de partida: se reconstruye lo que salió de verdad y recién después se proyecta. A las tres semanas de usarla, la planilla deja de ser un ejercicio y pasa a ser el primer tema de la reunión del lunes.
Relacionado: Caja y finanzas.
3 de marzo de 2026
Tres formas de subir precios sin perder clientes
Subir toda la lista el mismo día, con el mismo porcentaje, es la forma más ruidosa. Se puede hacer cuando el proveedor te pegó un aumento general. El resto del tiempo conviene más finura. Acá van tres movimientos que usamos en comercios y talleres, siempre sobre números reales, nunca sobre un presentimiento.
Subir los ítems que ya se venden solos
Los productos o servicios con demanda firme y poco sustituto aguantan un aumento antes que los que están para “hacer número”. Si un café, un corte o un trabajo estándar concentran la venta, un ajuste ahí mueve el margen más que retocar veinte ítems de la cola. El cliente habitual nota el cambio; por eso el aumento va con una frase corta, no con un discurso. “Actualizamos la lista el lunes, el costo de harina vino dos veces este mes” alcanza.
Empujar mix, no solo el precio de lista
A veces el ticket sube si quien atiende ofrece primero lo que deja más contribución. Eso no es subir la lista: es cambiar el orden de la góndola, del menú o del presupuesto. Requiere un guion de una página y una regla de descuento. Si el descuento lo decide cada persona del mostrador, el mix se pudre en una semana.
Precios por temporada o por tanda
En rubros con temporada baja, una lista única atada al mes más flojo deja plata en la alta, y una lista atada a la alta vacía el local en la baja. Dos listas, o un recargo explícito de temporada, es más honesto que un 2x1 eterno. En talleres, cotizar por tanda de insumos (el precio vale mientras dura esta compra) evita pelearte con el cliente cada vez que el hierro o la tela se mueven.
Ninguna de las tres formas funciona si no sabés el margen de contribución del ítem. Por eso el paso previo es costear los cinco o diez que más venden. El resto de la lista se puede estimar. Relacionado: Precios y márgenes.
25 de marzo de 2026
Qué mirar antes de abrir el segundo local
Un alquiler lindo no es un plan. El segundo punto se come caja del primero durante meses, pide gente que todavía no está formada y saca al dueño del mostrador que hoy sostiene todo. Antes de firmar, hay cuatro números y una pregunta de operación.
Caja del punto actual
¿El local de hoy genera, semana a semana, un sobrante después de proveedores, alquiler, sueldos y tu retiro? Si la respuesta es justito, el segundo punto se financia con atraso a proveedores o con deuda cara. Eso se ve en el flujo semanal, no en la facturación del mes récord.
Venta mínima del nuevo punto
Sumá alquiler, servicios, sueldos del equipo nuevo y merma o stock inicial. Dividí por el margen de contribución que hoy tiene el mix (no por un margen soñado). Ese número es la venta semanal mínima. Si el barrio o el canal no la pueden dar en 90 días, el alquiler espera. Es un ejemplo de cálculo, no una garantía: cada esquina es distinta.
Dependencia del dueño
Si el primer local no puede funcionar una tarde completa sin vos, el segundo local va a nacer cojo. El trabajo previo es un manual corto de cierre de caja, de pedido a proveedor y de apertura. Sin eso, abrís un punto y cerrás el control del otro.
Fecha de revisión
El plan de apertura tiene que tener un día, a los 90 días de abierto, en el que se decide seguir, ajustar o cortar. Sin esa fecha, el segundo local se convierte en un costo afectivo. Ese día se miran venta semanal, caja y si el primer punto sigue en pie sin vos encima. Si los tres números no están, se ajusta el horario, se corta un turno o se cierra. Relacionado: Plan de crecimiento.
14 de abril de 2026
Costear un producto cuando los costos cambian todos los meses
En Argentina el costo de un insumo puede moverse dos veces antes de que termines la planilla. Costear “una vez al año” deja la lista vieja. Costear todos los días vuelve loco al mostrador. El medio es una regla, no un número eterno.
Elegí la canasta que importa
No hace falta costear los doscientos ítems del catálogo. Hace falta costear los que concentran la venta: muchas veces diez ítems hacen el 60 o el 70 por ciento. El resto se puede agrupar. Anotá receta o lista de insumos, merma y, si pesa, minutos de persona. El costo de hora se estima con sueldo más cargas que ya pagás, dividido horas productivas, no horas de reloj de la jornada completa.
Una fecha de recosteo
Cada vez que el proveedor principal mueve la lista, se actualizan esos diez ítems. Si no hubo movimiento, se revisa igual el primer lunes de mes. El precio de venta no tiene que cambiar siempre que cambia el costo: a veces el margen aguanta. Lo que no aguanta es no mirar. Dejá en la matriz una columna de “costo vigente desde” para saber si el número tiene dos semanas o dos meses.
Qué hacer cuando el insumo vuela
Tres salidas, en este orden: subir el ítem que usa ese insumo, cambiar la receta o el material si la calidad se sostiene, o dejar de ofrecerlo hasta que el precio se acomode. La cuarta salida, absorberlo en silencio, es la que vacía la caja. El cliente puede aceptar un “hasta agotar esta compra” más fácil que un aumento eterno mal comunicado.
El costeo es un insumo del precio, no el precio. El precio también mira qué hace la cuadra y qué aguanta tu cliente habitual. Por eso el trabajo de márgenes junta las dos cosas. Relacionado: Precios y márgenes.